“Quiero que, entre todas, sin juzgarnos, encaremos una reflexión sincera: pongamos en palabras todo aquello que aún sigue silenciado para que la maternidad, elegida libremente, ya no nos encuentre desprevenidas”.

 Violeta Gorodischer, “Desmadres"  (Editorial Planeta)

La maternidad está envuelta en mandatos. Los tradicionales que dicen aquello que “debe y no debe” hacer una “buena madre” y los modernos, que intentan despojar a las mujeres y personas gestantes de ciertas responsabilidades pero terminan volcando sobre ellas cargas emocionales de dimensiones imposibles de explicar. Los juicios existieron desde siempre y si bien hubo avances y el deseo se impuso ante la obligación o el deber, el “cómo ser o no ser” con tus hijos sigue habitando las calles, las reuniones familiares, las plazas, los cumpleaños, las salas de espera, el ascensor del edificio y son muchas las madres que no encuentran espacios empáticos donde manifestar su malestar, donde habitar la incomodidad en complicidad con otras para descargar las frustraciones, juntar fuerzas, seguir y reclamar los derechos que faltan conquistar. Por ese motivo, en Rosario crearon “Maternar en crisis”, donde el “cansancio, la creatividad, la angustia y la ternura” conviven en total libertad. 

Un grupo de casi 200 mujeres embarazadas o viviendo sus recientes maternidades compartían un chat donde volcaban dudas, soluciones, recomendaciones, preguntas en torno a esos primeros momentos con el bebé en casa. Pero llegó diciembre del 2023 y las elecciones presidenciales se instalaron en el debate de las “mamis”.

 ¿Acaso es posible pensar la maternidad como un hecho aislado de la política? ¿Cómo podría ser la crianza algo del ámbito privado cuando se está introduciendo a un ser en la sociedad?

“Compartí un video explicando qué significaba para las mujeres, las trabajadoras, las madres, las infancias que gane el actual presidente y surgieron discusiones”, contó a Rosario3 Mechi, de 40 años, docente de grado, profesora de danzas folclóricas, y mamá de Sur, de un año y nueve meses, que llegó al mundo gracias a la Ley de Fertilidad asistida. Hoy conforman una -de las tantas- familia monoparental. Se tienen entre sí.

“Empezaron a llegar mensajes como «Mi pareja se quedó sin trabajo»; «no me alcanza la plata para comprar leche»; «la obra social no me autoriza los medicamentos» y algunas nos involucramos y otras hicieron la vista gorda”, agregó Leila de 41 años, actriz y trabajadora del Museo de la Memoria. Es mamá de Lila que está por cumplir dos años y durante mucho tiempo estuvo “desconectada con el deseo de la maternidad” por la incesante pregunta de la gente: “Y vos, ¿para cuándo?”. Llegó al "chat de mamis" porque al quedar embarazada empezó pilates y encontró ahí “una base de datos, un sostén que te respondía a todo momento”. 

En ese grupo virtual estaban quienes romantizaban la maternidad sin “teñirla de ideas políticas” y quienes se preocupaban por la posibilidad del avance de los discursos de odio que tomaban cada vez más protagonismo y fuerza. Y ese fue el disparador para iniciar una conversación nueva en un subgrupo. “Nos empezamos a posicionar porque maternar implica la presencia del Estado, porque si hoy necesitamos esta red es porque nos sentimos solas maternando, trabajamos dentro y fuera del hogar, y nos preguntamos qué pasa con las tareas de cuidado”, recordó Leila sobre los inicios.

¿Quiénes cuidan a las que cuidan? 

 

Es una pregunta que circula en este entramado de mujeres  y que trasciende a otros grupos y colectivos. “La maternidad trae soledad y nosotras nos cuidamos entre nosotras. Es un espacio de mucha presencia y apoyo”, señaló Mechi y contó un detalle no menor que ejemplifica la red que construyeron: cuando nadie más puede ir a buscar al colegio a Sur o quedarse un rato en la casa de alguna de las mamás que conforman el grupo para que ella haga algún trámite, o es imposible pagar a una niñera o guardería, mandan un mensaje de ayuda y siempre aparece una compañera dispuesta a poner el cuerpo, el tiempo y el amor. 

En febrero del 2024 comenzaron a encontrarse presencialmente y en total son más de 50. “Así se fue profundizando este espacio. Nos une el espanto, ser antimileista y el maternar en este contexto de crisis”, dijo Mechi. 

De esas charlas colectivas nació la idea de marchar juntas y con cochecitos este 8 de marzo para “construir espacios más amenos” pero también para hablar de algunos temas que se siguen pasando por alto en las agendas públicas y de los feminismos tales como la necesidad de que en la ciudad se piensen actividades y lugares cuidados para la primera infancia, los cupos limitados de las guarderías públicas y el costo elevado de las privadas; la desigualdad en las licencias por maternidad y paternidad; que no haya espacio de cuidado en los trabajos; la brecha salarial y la lista sigue. Las chicas fueron al sorteo que organizó la Asamblea organizadora y finalmente, este sábado estarán casi encabezando la movilización, en primer lugar.

“Nos dividimos en comisiones como seguridad, comunicación, mística. Estamos armadas, somos muchas y hay una potencialidad enorme. Hacemos todo a tiempo de mamis: mientras damos la teta escribo un pedazo de un pliego reivindicativo, estoy en la adaptación y tengo un ratito libre entonces doy una nota, mientras alguien nos cuida a nuestros hijos vamos a averiguar precios baratos para algo que necesitamos”, señaló la profe de danza. 

Este sábado a la marcha algunas van ir con sus hijos y otras sin ellos porque si todas empujamos los cochecitos, ¿cómo levantamos la bandera?”, dijo entre risas Leila. Una frase que ilustra todo lo anterior.