Florencia Garat tiene 50 años y declarará el lunes por primera vez ante la Justicia federal por la desaparición de su papá, Eduardo Garat, ocurrida en 1978, hace 45 años. La jornada llega tarde, obliga a revivir dolores profundos pero, al mismo tiempo, implica aquello por lo que una familia, una organización, una comunidad luchó y reclamó toda la vida: construir Memoria, Verdad y Justicia desde el Estado.

Abogado, docente y militante peronista, Garat fue secuestrado la madrugada del 13 de abril de 1978 en España y Santa Fe por un grupo de tareas de la última dictadura cívico militar. Hasta hoy está desaparecido y su caso forma parte del juicio Guerrieri IV.

El paso del tiempo se explica en los procesos de impunidad pero también en la complejidad de reconstruir una historia cuando hay pocos datos. Un sobreviviente, Santiago Mac Guire, contó que había estado detenido con Garat en un lugar de Funes. Esa pista quedó suelta sin corroborar por muchos años hasta que Roberto Pistacchia aportó, en 2009, un relato similar.

Ambos testimonios coinciden: Garat estuvo con ellos y fue torturado hasta la muerte. Después de eso no supieron más nada. El espacio donde aquello ocurrió también es relevante: se trata de una Casa Salesiana cerca del aeropuerto (los detenidos escuchaban los aviones) lo que confirmaría la vinculación de la cúpula de la Iglesia con el aparato represivo.

En 2014 la familia pidió ser querellante. El próximo lunes 27 además de Florencia declararán sus hermanos Santiago y Julieta. También su madre Elsa Martín y el propio Pistacchia. Eso abrirá paso a una inspección ocular del lugar lo que podría derivar en la confirmación de un nuevo Centro clandestino de detención (CCD) utilizado para detener de forma ilegal, torturar y desaparecer, parte del plan sistemático ejecutado desde 1976.

“La demora en declarar está relacionada a procesos de la Justicia porque los casos se agruparon en megacausas distintas, Feced y Guerrieri, que a su vez se dividieron en tramos. En nuestro caso no teníamos muchos datos sobre el lugar de cautiverio de mi papá y la confirmación de un nuevo centro clandestino es algo novedoso de esta causa”, afirma Florencia en diálogo con Rosario3.

Guerrieri IV es la cuarta parte de la causa original que lleva el nombre del ex teniente coronel Pascual Oscar Guerrieri (el primer tramo se inició en 2009 y cerró con condenas en 2010). En rasgos generales juzga delitos de lesa humanidad vinculadas a las fuerzas armadas (II Cuerpo de Ejército y Destacamento de Inteligencia 121).

Mientras que la megacausa Feced, por el gendarme retirado Agustín Feced, ex jefe de Policía de la ciudad, se centra en los crímenes registrados por su patota en el Centro clandestino de detención (CCD) Servicio de Informaciones en la ex Jefatura (hoy Sede de Gobierno).

Guerrieri IV contiene 62 nuevas víctimas (por hechos que nunca se habían tratado en un juicio) y un centro clandestino que no se había investigado: la Casa Salesiana de Funes. El fiscal federal de la Unidad de Derechos Humanos, Adolfo Villate, aseguró a este medio que esos casos sin antecedentes “aparecen de forma sorpresiva” (ver nota con podcast y otras causas en marcha). 

Por esa dinámica abierta, afirmó Villate, el concepto de 30.000 desaparecidos como un número abierto es una denuncia en sí misma de lo que aún no se sabe, de lo que la dictadura tapó. Una capa más del Terrorismo de Estado.

El “doble borramiento” de las causas

 

La explicación legal de por qué los casos se abren en distintos juicios y se demoran contrasta con lo que late de fondo, con la urgencia eterna de los familiares. “Yo estoy colapsada, toda una vida de militancia esperando este momento, que es tardío y que irrumpe en la vida de las personas. Es difícil porque hay que conectarse con la evidencia y también con las emociones, y teniendo en cuenta la importancia que tiene para la causa lo que uno tiene para aportar”, intenta explicar Florencia.

Sobre ese torbellino que vive una testigo, militante e hija (que vio imágenes de su padre en movimiento en 2019 gracias a un archivo rescatado por el documental “El Rosariazo”), sigue: “No es fácil asistir a las audiencias escuchar todos esos relatos dolorosos. A los juicios hoy no los escucha mucha gente, somos siempre los mismos que estamos una y otra vez. Yo lo entiendo porque se trata de torturas y muertes, no son cosas lindas, pero son necesarias e importantes de continuar”.

Sobre esa falta de atención pública sobre el proceso de los juicios, de cómo la agenda mediática apartó el foco después de los primeros procesos de Guerrieri I y Feced I, por ejemplo, la militante de Hijos, diseñadora y trabajadora gráfica habla de un “doble borramiento” de las causas. Un nuevo olvido después del olvido. 

“Es algo que entiendo pero igual debería importarle a todo el mundo”, analiza. Como contraste positivo, rescata que en paralelo “la marcha de este viernes seguro va a ser muy numerosa y cuando surge el negacionismo o fue lo del 2x1 para los genocidas (durante el gobierno de Mauricio Macri) hay reacciones masivas”. 

También rescata el valor de construir un país que juzga a los represores a diferencia de otras sociedades que miraron para el costado. Así, entre el dolor y el reconocimiento, la soledad frente a la tentación del olvido, ella y muchos otros se preparan para declarar ante la Justicia y mantener vivo el grito de Nunca más.