Mientras el Gobierno de Javier Milei negocia con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un nuevo préstamo de u$s 20.000 millones, una columna de opinión publicada por el equipo editorial del semanario británico The Economist analizó el caso de la Argentina y lanzó duras advertencias al respecto.
En primer lugar, este destaca que la decisión del Fondo de prestar más dinero al país pone de manifiesto un "cambio significativo" en su relación histórica con la Argentina, ya que, bajo el liderazgo de Milei se implementaron políticas orientadas a reformas económicas profundas. "Para el FMI, si busca terminar con los rescates recurrentes a Argentina, este es el momento de actuar con generosidad", escribieron los autores.
Desde su llegada al poder en diciembre de 2023, Milei puso en marcha una estrategia de reducción de costos y desregulación del mercado que lo distingue radicalmente de sus predecesores.
El equipo editorial de The Economist recordó estas acciones y aseguró que representan "un punto de inflexión raro en la historia económica del país", marcado por décadas de promesas incumplidas en materia de reformas económicas al FMI.
Sin embargo, consideró también que el organismo enfrenta "riesgos considerables, tanto financieros como de credibilidad", al seguir sosteniendo la economía de una nación que dependió crónicamente de rescates.
Es que, históricamente, la Argentina recurrió al Fondo de manera constante y a gran escala. Según se recopila en el texto, en 2018, el organismo desembolsó "un préstamo de rescate monumental de u$s 57 mil millones", que, sin embargo, fracasó, pues los gobiernos de turno no lograron controlar el gasto".
Sobre esto, se explayaron: "El ciclo de endeudamiento continuó cuando, en 2022, el país necesitó otros u$s 40 mil millones prestados para cubrir las deudas del préstamo previo. En la actualidad, se estima que el FMI posee el 15% de la deuda externa argentina, convirtiéndose en el mayor acreedor individual del país".
Según analiza el medio, este círculo vicioso no solo genera problemas para la economía argentina, sino también para el propio FMI. Según la columna de opinión, "es difícil que otros prestatarios acepten las exigencias de reforma del FMI si perciben que Argentina ha incumplido las mismas sin consecuencias reales".
Además, según apuntaron, la solvencia financiera del Fondo podría verse comprometida, ya que los préstamos a Argentina constituyen el 28% de sus compromisos totales. "Un impago por parte de Argentina no solo podría amenazar la estabilidad financiera del FMI, sino también su calificación crediticia", explican los autores".
"La estabilidad financiera de Argentina sigue siendo frágil". Aunque desde su mandato Milei optó por devaluar el peso, para el semanario, "la devaluación no fue suficiente, dado que la inflación no ha disminuido lo necesario", lo que mantiene sobrevalorada la moneda.
A esto se suma que las reservas internacionales del Banco Central (BCRA) son negativas cuando se excluyen el oro y los acuerdos de intercambio con otros países. Según el análisis, bastarían "unos meses de elevadas facturas de importación o una pérdida de confianza de los inversores extranjeros" para que la nación experimente una nueva crisis de balanza de pagos.
Según la publicación, el presidente propuso "eliminar los controles de capital y, eventualmente, permitir que el peso flote libremente". En ese sentido, destacan los autores, dicha medida, si se ejecuta de manera adecuada, podría "impulsar las exportaciones y aliviar la presión sobre las reservas", dos necesidades fundamentales para el crecimiento económico del país. Sin embargo, el temor a que "una flotación apresurada desencadene una fuga de capitales, una crisis cambiaria y un aumento de la inflación" coloca estas medidas en pausa hasta después de las elecciones de medio término de noviembre.
Ante este panorama, The Economist cierra la columna: "Para tranquilizar a Milei, el FMI debería ofrecer una cantidad generosa de dinero, y rápido".
No obstante, indican que esta ayuda no debería ser incondicional. Los autores sostienen que el Fondo necesita presionar para establecer "un valor más realista del peso", garantizar un cronograma transparente para la eliminación de controles de capital y fomentar una "transición ágil hacia un tipo de cambio completamente flotante".