Arancelazo global: Trump reescribe las reglas del comercio y pone a la Argentina contra las cuerdas. Con la excusa de equilibrar el déficit comercial de EE.UU., Donald Trump, desató lo que él mismo denominó el “Día de la Liberación”, una ofensiva arancelaria sin precedentes que afecta a todos los países del mundo, incluida la Argentina.
Desde el próximo 5 de abril, todas las importaciones que ingresen a Estados Unidos pagarán como mínimo un 10% de arancel, lo que representa un quiebre total del modelo de globalización que rigió las últimas décadas. En el caso del aluminio y el acero, el tributo se mantendrá en 25%, mientras que las exportaciones de alimentos, plásticos, químicos, textiles y metales desde Argentina sufrirán aumentos de hasta 10 puntos porcentuales. Y China, blanco preferido de Trump, enfrentará aranceles que pueden llegar hasta el 54%.
El anuncio fue hecho en los jardines de la Casa Blanca tras el cierre de los mercados, y de inmediato las bolsas reaccionaron en rojo y los analistas comenzaron a recalcular portafolios. A partir del 5 de abril, entrarán en vigencia los aranceles para los autos importados, y en mayo lo harán para las autopartes. “Con esta plata vamos a bajar impuestos, pagar deuda y hacer crecer EE.UU. como nunca”, dijo Trump.
Para Argentina, el golpe llega en el peor momento: mientras el Banco Central perdió US$7.300 millones en pocas semanas y el dólar futuro cotiza un 36% más alto que el oficial, el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, viajan de urgencia a EE.UU. para tratar de reunirse con Trump y con representantes del FMI y el Banco Mundial, en busca de destrabar un desembolso inmediato de US$8.000 millones, que podría escalar a US$15.000 millones si avanza el pedido ante el Tesoro norteamericano.
En paralelo, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, prometió un “apoyo significativo” para reforzar las reservas del BCRA. Se habla de otros US$5.000 millones en camino. Pero el mercado sigue con dudas: la modificación en la política cambiaria parece inevitable, y el crawling peg al 1% mensual ya no convence a nadie.
Como si fuera poco, esta semana el Gobierno enfrenta una posible derrota en el Senado, donde se discutirán los pliegos de los jueces Lijo y García Mansilla. Hasta anoche, los votos no alcanzaban y crecen las tensiones políticas, mientras la Casa Rosada afirma que, si no se aprueban, García Mansilla seguirá “en comisión” hasta febrero, una jugada institucionalmente polémica.
En los mercados, el feriado por Malvinas dejó sin actividad a la Bolsa local, pero los ADRs argentinos se movieron en Wall Street con resultados mixtos: Mercado Libre y Despegar subieron levemente, mientras que Telecom, Edenor y Pampa registraron caídas de hasta 2,5%.
Mientras tanto, el oro tocó los US$3.200 por onza, su máximo histórico, y el bitcoin subió 1,8%, marcando el regreso de los activos refugio en medio del caos. También aumentó la tasa a 30 años en EE.UU. y el dólar se fortaleció frente a la mayoría de las monedas, excepto el euro y el franco suizo.
En lo doméstico, la inflación vuelve a calentar motores. Consultoras privadas midieron el IPC de marzo entre 2,7% y 2,8%, mientras una familia tipo en CABA necesita $73.000 por día para cubrir gastos. La advertencia de Moody’s no se hizo esperar: el riesgo país sigue siendo muy alto, pese a las promesas de Milei.
En este contexto, la Argentina enfrenta una semana de definiciones importantes: ¿habrá desembolso inmediato del FMI?, ¿se frenarán los aranceles para productos nacionales?, ¿resistirá el dólar sin sobresaltos?, ¿perderá el oficialismo en el Senado?
La sensación es clara: la crisis dejó de ser financiera para volverse geopolítica. Y todo indica que recién está empezando.
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