“Y un buen día les preguntás a esos que crees tus polluelos qué les gustaría hacer cuando terminen la escuela, qué oficio les interesa, y este zángano te dispara con un «yo quiero ser sicario», ¿qué?, ¿escuché bien? Y lo dice así, pavoneándose delante de toda la clase” ("Yo quiero ser sicario, una escuela sitiada por los narcos")
Hubo un tiempo en Rosario que la realidad se presentaba tan cruenta y hostil que su relato se parecía al de una novela policial. Tiempos convulsionados en los que se hicieron frecuentes las balaceras y los crímenes ligados al narcotráfico, con un pico de violencia en 2024 con homicidios de trabajadores a quemarropa. La ciudad fue sacudida por las luchas sangrientas que encararon las bandas en su intento de ganar poder. Parecía que nadie estaba a salvo.
Con las vivencias de esos días infernales, el psicólogo y docente rosarino Eduardo Maróstica, trenzó otras historias ficticias, pero verosímiles, abonadas por los relatos ofrecidos en su paso por instituciones estatales. Una trama oscura y trágica que, aunque novelesca, pudo haber sucedido en este rincón del país y que tiene como epicentro dos escuelas sitiadas por el narcocrimen. En diálogo con Rosario3, el autor indagó sobre la génesis de su obra, la construcción de los personajes y la conformación de una temporalidad propia en la que se une un pasado reciente y el presente.

–¿Cómo surgió este relato ficticio que vos señalás como basado en testimonios reales?
–Soy de escuchar y de observar los gestos. Trabajé en los (ex centros) Crecer y después en escuelas, y conocí muchísima gente, muchísimas historias, en un momento cuando Rosario tal vez comenzaba a vivir de manera explícita estos latigazos del narcodelito. Te hablo año 2008, 2009. Eran cosas que ocurrían, pero no había tanta habitualidad. Uno se va acostumbrando y en un momento te preguntás cómo llegamos a esto. Toda la población civil entra en una suerte de posibilidad de ser un elemento de negociación que es horroroso y también te terminás acostumbrando a eso.
–¿Y cuándo decidiste ponerte a escribir?
–Comencé a escribir la novela en noviembre de 2022. Por mi otro libro El ojo de la tormenta me empezaron a llamar compañeros, entre ellos, docentes. Y uno de ellos estaba en una escuela de la zona sur, nos encontramos, y me cuenta que había tenido que irse de la escuela porque quedó en el medio de dos facciones narco y tuvo que renunciar a sus cargos. Cuando él me estaba contando esto, empecé a recordar otras historias que me contaron adolescentes y otra compañera en otra escuela. Empecé a hilar situaciones que me habían ocurrido hacía 10 años. Todas estas cuestiones y las crónicas policiales me sirvieron de argumento, de modo de inspiración. A mí me conmueven esas cosas y es lo que me hace escribir.
–¿Cuáles son los escenarios utilizados?
–Empecé a pensar en varias historias que hablaban de esta tragedia cotidiana para Rosario, que realmente nos cambió la vida. Porque cuando vos te vas a otro lugar y si sos de Rosario, te dicen «sos de la ciudad de Messi». Bueno sí, pero también están estas cosas a las que nos acostumbramos al punto de invisibilizarlas. Entonces, para estas historias pensé en el lugar de la escuela, en esas personas con un corazón inmenso: los docentes que alojan a estos chicos que encuentran en ellos confianza, personas a las que no le da lo mismo si vas o no a clases, personas en las que pueden depositar sus miedos. En la escuela tienen seguridad y afecto. Tal vez la escuela sea la última trinchera, el último refugio que encuentran muchísimos adolescentes para poder sobrevivir.
–En el libro aparece la guerra de dos bandas criminales, ¿son reales o son ficción?
–Podrían ser dos bandas que hoy existen. La narcocriminalidad es un monstruo de varias cabezas. Esto viene pasando en Rosario. Empezó con el Pimpi Camino y yo me inspiro en su vida. Incorporo a la novela personajes reales, pero hago confluir sus historias en un tiempo que es muy difuso.

–Los personajes mencionan y transitan situaciones que se asemejan a hechos ocurridos en la ciudad.
–Tuve que proteger a los personajes y buscar una forma de despistar en esa asociación que mencionás. Es literatura, no es periodismo. Lo mismo con el barrio, ¿y dónde es Santa Bárbara? ¿Y qué sé yo? No existe el barrio Santa Bárbara en Rosario. No puedo mencionar ni agradecer a las personas que me inspiraron porque los tengo que proteger y aparte ellos también me pidieron, por favor, que no los mencione. Es un síntoma de que la cosa no está bien. Por más que digan que bajó el delito y los asesinatos, algo que comparto y me parece bien, hay algo que nos sigue dando miedo.
–Pero hacés algunas referencias sugestivas.
–Sí, juego con algunas noticias. Es una novela en la que vas a encontrar un montón de componentes. La literatura me permite jugar atemporalmente, contando historias, denunciando, diciendo lo que yo creo y siento a través de los personajes, pero no con una fidelidad cronológica. Yo los tomo y voy haciendo un collage. La persona que vive en Rosario o tal vez, quien está pendiente de las noticias de Rosario, lee la novela y va a encontrar elementos que pasaron o que pasaron de un modo parecido. Y en realidad nos viene pasando hace un montón de tiempo. Bueno, la crónica de cuántos asesinatos hubo el fin de semana, la palabra sicario, ¿no? En la novela, esto de la profe que le pregunta a los chicos y uno le dice, "Yo quiero ser sicario." Esa persona en la cual yo me inspiro es un pibe que está en (la cárcel de) Piñero, porque terminó siendo sicario. Historias así, como la de esos pibes, hay un montón y seguramente quien lea la novela va a encontrar semejanzas.
–Nos hemos sentido como en una novela policial en un pasado reciente por la espectacularidad de los hechos ocurridos.En este marco, los relatos narrados en la obra resultan posibles.
–Cuando vos leés una noticia y no se puede creer, aparece esa ficción. Yo restituyo la realidad a la ficción. Hago una ficción de algo, pero que tranquilamente podría ser real.
–¿Cómo hiciste la construcción de los personajes?
–Cuando escribo, yo soy todos los personajes. Esto podría tener una consecuencia psicológica patológica para mí –se ríe– Lo resuelvo en terapia. Las personas en las que me inspiré no me contaron con tanto detalle, pero yo especulo sobre cómo sería o qué haría una persona con tales características psicológicas. Por ejemplo, ¿cuál sería el derrotero comportamental de alguien que vive una situación extrema como la que te apunten con un revólver? A mí me apuntaron con un revólver a dos metros y yo pensé que la bala salía, y me temblaron las piernas toda esa mañana. Trabajé en espacios con personas con consumos problemáticos y en conflicto con la ley. Entonces, creo que toda esa experiencia la puedo volcar. Es difícil expresarlo con las palabras, es el desafío.
Yo quiero ser sicario fue editado por Europa ediciones en 2024 luego de que el autor ganara un concurso internacional. Será presentado el martes 29 de abril, a las 18.30 en el Complejo Cultural Atlas, de Mitre 645. A su vez, el miércoles 30 en el Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González (Ayacucho 632, Caba) y el 2 de mayo, en la Feria del Libro Buenos Aires (La Rural, Caba).