Sábanas y toallas constituyen superficies que están en contacto constante con la piel, sudor, grasa corporal, restos celulares de la piel y microorganismos que forman parte del microbioma cutáneo. Con su uso diario, estas superficies se convierten en un hábitat para diversos microorganismos, cuyo contacto prolongado podría provocar irritación, infecciones, alergias, o exacerbar condiciones cutáneas existentes.
En tal sentido, pueden aparecer bacterias como los Staphylococcus, responsables de infecciones en la piel; o Corynebacterium, que puede contribuir al mal olor corporal; hongos o mohos como las cándidas, que pueden causar infecciones, y también otros hongos como Alternaria alternata y Aspergillus, que pueden causar problemas respiratorios especialmente en la población infantil; además de ácaros y de polvo.
Los efectos negativos en la salud de la piel
Especialistas indican que una mala higiene de sábanas y toallas puede generar:
-Infecciones bacterianas y fúngicas: La acumulación de bacterias y de hongos en las toallas y en las sábanas puede causar infecciones de la piel; las personas con piel sensible o condiciones como la dermatitis atópica, psoriasis o rosácea, pueden experimentar empeoramiento de sus síntomas debido al contacto con textiles no limpios.
-Alergias y sensibilidad cutánea: El polvo, los ácaros y la suciedad acumulada pueden provocar exacerbaciones de patologías cutáneas especialmente en personas atópicas o antecedentes de alergias.
-Acné: Las bacterias en las toallas o en las sábanas pueden transferirse a la piel, especialmente en áreas propensas al acné, como la espalda, el rostro o el pecho; esto puede contribuir a la aparición de brotes, o empeorar el acné existente.
-Infecciones comunes por parásitos como la escabiosis o sarna o los piojos (Pediculosis) también se relacionan con el uso compartido de sábanas y de mantas, además de por el contacto estrecho en convivientes.
-Condiciones de la piel en contacto prolongado con humedad: Las toallas pueden retener humedad durante un largo período, creando un entorno propicio para el crecimiento de microorganismos como hongos, especialmente en áreas como la zona de los pliegues de la piel (ingles, axilas, etc.).
Cambiar sábanas y toallas con frecuencia
A raíz de lo expuesto, expertos sostienen que, idealmente, las toallas del baño deben lavarse tras 3 o 4 usos, o, como máximo, de forma semanal.
“En cualquier caso, es muy importante secar las toallas bien tras cada uso. Sin embargo, esto puede variar según el uso personal. Esto es necesario por la acumulación de humedad antes mencionada, y también porque las toallas entran en contacto con el sudor, con la suciedad de la piel, con los aceites corporales, y con las células muertas, de manera que, incluso después de un solo uso, pueden acumularse muchos microorganismos”, sostienen.
Asimismo, se recomienda lavar las sábanas al menos una vez por semana; aunque esto depende de la sudoración y las secreciones de la persona, de forma que, si se suda mucho por la noche, o se tienen secreciones como saliva o fluidos corporales (por ejemplo, si se sufre de acné, rosácea, o sudoración excesiva), sería conveniente lavarlas más frecuentemente.
En tal sentido, si se padece de piel sensible o enfermedades cutáneas, deben cambiarse las sábanas con más frecuencia para evitar la irritación o empeoramiento de síntomas. El lavado semanal ayudará a reducir la acumulación de bacterias, hongos y otros microorganismos, minimizando el riesgo de infecciones, malos olores y reacciones alérgicas.
No usar la misma toalla para cara y cuerpo
Por otra parte, no recomienda usar la misma toalla para rostro y cuerpo: "La piel de la cara es más delicada y susceptible a bacterias y a otros contaminantes que pueden estar presentes en las toallas después de haber sido usadas en el cuerpo. Además, el rostro puede estar en contacto con productos como el maquillaje o cremas, lo que puede transferirse a la toalla".
En cuanto a las toallas de manos, sí requieren un cambio más frecuente que las de cuerpo, dado que están expuestas a más bacterias por ese frecuente contacto con las manos, que pueden tener gérmenes, suciedad o incluso restos de alimentos; y, por lo tanto, consideran importante lavarlas con más frecuencia, idealmente, cada 2 ó 3 días.
Fuente: EFE.