Paula Perassi: la niña y mujer de los ojos que interpelan a la Justicia

¿Quién era la joven que desapareció en San Lorenzo? ¿Qué hay detrás de ese rostro que se convirtió en un símbolo de lucha? Antes de conocerse el fallo que absolvió a todos los sospechosos de su crimen, sus padres, Alberto y Alicia, recordaron a la nena, adolescente y adulta que fue

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¿Quién era Paula Perassi? El nombre de la joven desaparecida el 18 de septiembre de 2011 en San Lorenzo, es repetido una y otra vez en el centro de Justicia Penal de Rosario, donde se desarrolla el juicio por su muerte y desaparición. Lo mencionan los jueces, los fiscales y abogados querellantes y defensores. La nombran testigos e imputados. “Paula”. “Paula Perassi”. Cuentan sobre ella, dicen qué hizo, dijo o sintió, en medio de la ausencia de su voz que corrobore o niegue lo que exponen. Lo mismo sucede con sus ojos claritos, multiplicados tantas veces en los afiches. Antes de ser una desaparecida en democracia, Paula fue una niña, una jovencita y después una mujer adulta madre de dos niños. A pocos días de que se conozca la decisión del tribunal,  Rosario3.com pudo saber más sobre la mujer detrás de los carteles de la mano de sus padres Alberto y Alicia Perassi, quienes abrieron la puerta de su casa en San Lorenzo para recordarla entre risas, suspiros y emoción.

Paula nació el 1º de febrero de 1978, en plena dictadura militar, en el pueblo santafesino de Díaz. Fue la segunda hija de Alberto Perassi y Alicia Ortiz, quienes ya habían sido padres de María Fernanda y, más de 10 años después, lo serían de la pequeña Marianela. Los cinco conformaron una familia trabajadora, de clase media, en la que ganarse la vida con esfuerzo era un valor esencial. Tal fue así que debieron mudarse varias veces para lograr un bienestar económico: de Clarke a Maciel, de Maciel a Clarke y de Clarke a San Lorenzo, donde aún vive la familia. Alberto siempre se dedicó a la mecánica, tenía su taller en los años 80, y como le sucedió a muchos por ese tiempo, quebró. “Tuve que vender todo, rematar el taller y me fui de peón a Maciel”, recordó. Pronto logró convertirse en socio de sus patrones. Allí estuvieron 8 años hasta que optaron por regresar a Clarke, donde apostaron por instalar una tornería que no funcionó. “Fue cuando salió lo de trabajar con los motores Perkins. San Lorenzo no tenía repuestos de estos motores, entonces me puse un negocio, después el taller y gracias a Dios pude comprar esa esquina y sigo hoy en día con el taller”, precisó.

“La Polaca”

Estos vaivenes económicos coinciden con la infancia de Paula, por entonces de cabello casi blanco que le valió el apodo de “la Polaca” de parte de una tía. Alicia y Alberto se miran entre risas cómplices al recordarla chiquita. “Cuando nos mudamos a Maciel, por camino de tierra, ella se daba vuelta en la chata y decía: «Yo quiero ir allá». Eran las luces de Clarke, ella no quería ir a Maciel pero después como toda cosa le gustó”, dijo la mamá. “Paula fue la más rebelde”, señaló y se acordó de una pícara maldad cometida: “Con la prima quisieron ver qué hacía un gato en un pozo de agua y tiraron el gato en el pozo”, contó aún asombrada. “Cuando iba a jardín le molestaba la bombacha, las medias. Si vos vieras en qué forma iba a la escuela pensabas que no tenía mamá, arremangada hasta acá –se toca el codo- no sé, era un personaje cuando era chiquita”, agregó sobre su hija del medio.

Paula de niña durante unas vacaciones familiares.

“Fuimos al Palacio de Urquiza y cuando nos descuidamos estaba acostada en su cama o cuando fuimos a San Juan, nos decían que Sarmiento había vivido ahí, que estaba el telar, la higuera y doña Paula. Y cuando entramos – Alicia no puede contener la risa- y vemos todo me dice: ¿Y la vieja está durmiendo? Era ocurrente. O cuando fuimos a ver a la difunta Correa me salió diciendo: «¿y para qué le traen agua ahora si se murió de sed?» Ella siempre tenía algo”, relató. Luego, Alberto resumió: “Era revoltosa” y Alicia asintió: “Ella era de jugar, de tener amigas, todas la seguían y nunca tenía problemas con nadie pero sí, era revoltosa”.

Paula creció y tomó vigor su espíritu independiente. Los papás advertían su energía y la dejaron ser y hacer sin ir demasiado lejos. “Se proponía algo y lo lograba”, resaltó su padre cuando mencionaron la fortaleza que tuvo para bajar de peso con solo 11 años. “Era gordita en serio”, sostuvo Alicia y contó que la llevó a una endrocrinóloga por este motivo. Al parecer, Paula se sometió a una dieta estricta que le devolvió una fisonomía con la cual estaba más a gusto, y como muchas adolescentes, empezó a mostrar señales de coquetería a través de la ropa. No le gustaba estudiar ni ir a la escuela, entonces decidió trabajar en el negocio familiar a partir de los 14 años y dejar el secundario.

Paula a los 11 años junto a primos y hermanas.

Simplemente Paula

Así la llamaba su familia. Paula llegó a los 16 años con un empleo en una fábrica de golosinas en donde, según su mamá, manejaba la facturación. “Nunca la tuvimos que obligar, se levantaba temprano y cumplía, era una gringa laburante”, aportó Alberto. Por esos días, “mucho en la casa no estaba, tenía muchas amigas. Se iba a tomar mate pero a la tardecita llegaba a casa. Era independiente, le gustaba comprarse ropa, salir a la confitería”, mencionó Alicia. La nena ya era una joven con sueños y proyectos y estaba decidida a cumplirlos. Uno fue tener su propia moto y con 20 años, pudo comprarse su primer autito, un Vivace.

También fueron años de romance. Alicia se refirió a un novio que tuvo por unos 6 años, un muchacho que era menor que ella, y después a Rodolfo (Ortiz de Eleguea), quien fue su pareja y papá de sus hijos Lucas y Agustín. “Era romántica y bueno, con la carta que escribió, cómo se despachó”, observó con un dejo de ternura y comprensión en relación a la carta que Paula le escribió a su amante, Gabriel Strumia, y que se leyó en el marco del juicio. Es que Paula era una mujer sentimental, alegre y cariñosa. Cuando se le preguntó a los padres sobre si leía o escuchaba música, confiaron que lo hacía constantemente. Risueña y divertida, su mamá confió que una vez los llevó a Carlos Paz en auto y durante todo el viaje los “torturó” con Arjona.

Alberto Perassi sostiene una foto de su hija en una carrera, pasión que compartían en familia.

Mamá

Paula tuvo a su primer hijo, Lucas, en Rosario, fruto de su relación amorosa con Rodolfo. Se mudaron acá porque él trabajaba como maestro mayor de obras en Puerto Norte. Vivieron en departamentos alquilados en barrio Martin y luego en un edificio ubicado en San Luis y San Martín que en 2009 sufrió una explosión en el piso número 16. Abajo habitaba Paula con su familia. Tras ese episodio, tomó fuerza la idea de regresar a San Lorenzo. Alicia estuvo muy cerca de la hija durante su maternidad primeriza lejos de casa. Aunque recordó que Paula, fiel a su personalidad determinante y fuerte, se las arreglaba perfectamente sola con el bebé. “Ella cargaba a su hijito en su mochilita y salían a pasear. Iban a la Esquina de la Oportunidad a comprar o mirar cosas. Ella iba a todos lados con los chicos”, manifestó.

Dedicada exclusivamente al cuidado de los niños, Paula alternaba su tiempo con las tareas de la casa que estaban a su cargo y las visitas a sus padres, una vez que se establecieron en San Lorenzo. “Ella estaba muy contenta con su maternidad, a los dos los esperó mucho, de los dos programó sus cesáreas y entre los dos embarazos perdió dos bebés”, señaló Alicia y agregó: “A los chicos los llevaba para todos lados, les cocinaba lo que ellos querían comer y hasta les pasaba Cif en las suelitas con un cepillito para que vayan a la escuela con toda la blancura”. Luego, recordó que su hija solía pensar y proyectar el futuro de sus nenes con mucha ilusión: “Me hablaba de cuando tomaran la comunión, pensaba cómo iba a ser ese momento y también se imaginaba a los chicos en el secundario”, confió.

A Paula la emocionaban sus hijitos. Alberto y Alicia desplegaron fotos de su hija en un acto escolar en las que se advierte a Paula con sus ojos casi mojados. “Estaba muy movilizada de ver a Lucas con el guardapolvo blanco”, contaron a modo de explicación. De esos días, los últimos de la mujer con vida, coincidieron en que la veían muy bien, aunque desconocían que había iniciado una relación con Gabriel Strumia; incluso aún hoy no entienden este vínculo. “Yo la veía contenta, hasta el último día que la vi que fue un jueves a la noche, vino toda elegante, bien vestida. Ahí ya estaba haciendo sus cositas. Me dijo que iba a salir con las mamás de los compañeritos de Lucas, que iba al casino”, señalo su madre. Sin embargo, Alicia pudo advertir tras la desaparición que durante el acto escolar por el Día del Maestro, Paula “estaba rara”, más distante e inquieta y consideró que su hija ya sabía que estaba embarazada de su amante.

Muy emocionada durante un acto escolar de su hijo mayor.

Alicia y Alberto esperan Justicia mientras recrean sin cesar la vida de esta hija con un final cruel y doloroso. Intentan encontrarle una explicación a su desaparición y todavía buscan señales y rastros de Paula que los puedan acercar a la verdad. Su lucha constante se sostiene en sus nietos a los que esperan decirles qué es lo que le pasó a su madre: “Paula se fue pero nos dejó un gran motor que son los chicos, por eso vivimos”, concluyeron.

Paula aparece sonriente, abrazada por Strumia. Esta foto fue aportada por el imputado en la búsqueda de la joven.

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